Fernández Distel, Alicia Ana – Vajilla Andina Ancestral
Cuando el hombre hizo su aparición en el mundo, la supervivencia dependió de los elementos que lo rodeaban: tierra, agua, fuego, vegetales. El ingenio y la necesidad lo llevaron a usar sus manos para unirlos y allí surgió la sensibilidad artística. Esos valores formaron parte de la primaria idiosincrasia humana. La cerámica fue el primer arte del hombre, cualidad siempre ligada a la historia de la humanidad. Tierra, agua y fuego mantuvieron su vigencia a lo largo del tiempo y en todas las culturas y civilizaciones que habitaron el planeta. El arte cerámico es milenario y modelar el barro despierta una verdadera vocación. Quienes poseen el privilegio de adquirirla será imposible desprenderse de ella, pues las manos hablan a través de cada objeto. La arcilla es portadora de armonía, creatividad, placer y amor, sellos luego intransferibles a lo largo de la existencia. En la atmósfera del pasado, el arte cerámico y la vida caminaron juntos pero el equipaje de los sueños con los elementos tierra, agua y fuego conformaron los eslabones entre los hombres.

